Actualmente tengo la oportunidad de realizar
muchas actividades de mi agrado y que me generen alguna satisfacción. En esta
ocasión, me referiré a todo lo que trato de completar como entrenamiento físico
desde hace 3 meses. He decido realizar la mayor cantidad de actividad física posible
por dos razones: porque quiero y porque puedo. En realidad, sin perjuicio del
baile desde pequeña, las actividades deportivas nunca han sido mi fuerte (ni
antes ni ahora), pero me he comprometido conmigo misma en cultivarlo hasta el
punto de que pueda disfrutarlo.
Como mencioné en el post anterior, desde la
adopción del veganismo, me siento con más energía para gastar en el gimnasio,
por tanto, dedico un mínimo de 10 horas semanales en 5 días a ello y me tomo el
fin de semana de descanso. Sin embargo, las horas las divido en diferentes opciones
para evitar el aburrimiento de la rutina y divertirme en el proceso. Anterior al
cambio de régimen alimenticio, invertía 6 horas semanales en 6 días (descansaba
en sábado) y me era más aburrido el proceso.
Preparo mi top, camisa desgotada (preferiblemente),
leggins, mi cinturón (para sudar más), mis zapatos deportivos, botella de agua,
manta de yoga y activo mi Fitbit: lista para entrenar.
No tengo mejor manera de empezar la semana que
con yoga. Me sigue sorprendiendo en casa sesión la elasticidad que puede tener mi
cuerpo si lo entreno de manera adecuada. Recomiendo mucho probar el yoga porque
no es nada extremo o intenso, los músculos lo agradecen mucho y ayuda a mejorar
el balance corporal. Con la instrucción y la música adecuada, considero que el
yoga es más un premio que un castigo para mi cuerpo.
La segunda sesión de lunes es levantamiento de
pesas. De manera conveniente, mis músculos no pueden estar en mejor disposición
para ello que con la hora previa de yoga. Nunca pensé en practicar
levantamiento de pesas porque no consideraba que era para mí. Actualmente entiendo
que, como entrenamiento integral, lo debo practicar y lo hago de muy buena
gana. No se me dificulta el peso que actualmente pongo en la barra, pero si me
da temor cargar más discos: muy pronto me atreveré a probar con más peso, ese
es mi objetivo.
Martes es un día bastante desafiante. Inicio
con zumba para tonificar, es decir, además de bailar también se usan pesas en
las coreografías. Hay canciones más retadoras que otras, pero en general el
baile me es muy familiar. La única dificultad que tengo es que al parecer mi ritmo
es uno y la instructora va más revolucionada, aunque trato de seguir su paso. En
la última sesión tuve la grata sorpresa de percatarme, casi 40 minutos después
de haber iniciado, que utilicé mancuernas con más peso que en los meses
anterior y lo hice sin dificultad (buenísimo).
La segunda clase es pilates y esa sí me ha dejado
en jaque. Todos los movimientos de pilates (que son muchos, siempre hay nuevos
y desconocidos para mí) tienen que ver con el control mental sobre el cuerpo.
Me he dado cuenta de que tengo control nulo sobre mi cuerpo. En realidad, son movimientos
que en apariencia son muy sencillos, pero al intentar imitarlos, me he
encontrado en que fallo de manera penosa (por suerte y como consuelo no soy la
única). He mejorado con la repetición de algunos movimientos, pero hoy por hoy
y sin temor a equivocarme: pilates es mi Everest. Esa afirmación la hago sin
perjuicio a reconocer que la clase me encanta, es un gran reto y que también
quedo muy adolorida al final de la sesión.
Por otra parte, los últimos miércoles me han
sorprendido. La primera actividad es levantamiento de pesas (que ya comenté
anteriormente) con un añadido de cardio y la segunda clase es spinning. Aunque
el spinning se reduce a la bicicleta estacionada, una cantidad específica de
movimientos y un máximo de resistencia posible, es la instructora la que cambia
todo. Ella es una persona que motiva y también exige el máximo esfuerzo en cada
ejercicio. Antes pensaba que pilates me causaba mucho dolor, ahora sé que lo
miércoles termino peor. Sin embargo, la satisfacción es mucha porque sé que con
esa instructora di todo lo que pude. De hecho, estoy explorando la posibilidad
en que pueda convertirse dentro de poco en mi entrenadora personal.
Los jueves y viernes tienen mucho en común; se
diferencia en que jueves ejercito por la tarde, mientras que los viernes toca
por la mañana. Inicio con entrenamiento libre en máquinas, las que más me gustan
y siento me convienen (piernas, brazos y abdominales), mi propia música, mi
ritmo, mis pensamientos, mis retos y mis metas. Eso sí, normalmente lo hago sin orden
específico, varío mucho y trato de divertirme conmigo misma.
Finalmente, la segunda sesión es mi nuevo
descubrimiento: Pole Dance o baile del tubo, como se conoce popularmente en
nuestros países latinoamericanos. Luego de un par de sesiones puedo decir lo
siguiente: es muy sensual, es muy personalizado, se necesita mucha elasticidad corporal
(gracias yoga) y es un ejercicio muy completo, ya que se necesita mucha fuerza
en los brazos, abdominales y en las piernas. Me gustaría poder dominar dicha
actividad en algún momento, pero sé que debo tener más fuerza y músculos para
poder lograrlo, ya que actualmente siento que mis piernas y brazos son de mantequilla
cuando de elevar mi cuerpo en el tubo se refiere. Tendré que practicar más,
aceptar más moretones de los que ya tengo y contemplar la posibilidad de alguna
caída (riesgo intrínseco de elevarse). Sin embargo, viendo lo natural y fácil
que lo hacen ver las instructoras, merece la pena.
En esas 7 actividades divido mis 10 horas
semanales actuales de entrenamiento. ¿He visto resultados en la báscula? Sinceramente
no, la verdad no. Tengo la esperanza que la grasa se esté convirtiendo en
músculos de una vez. Pero he aprendido cantidad y he conocido nuevas personas
que también se esfuerzan para llevar una vida equilibrada: ha valido la pena
cada gota se sudor y a diferencia del veganismo, hacer ejercicios es algo que
sí recomiendo intentar a todas las personas.
Ya estoy considerando otras opciones que
también quiero probar: boxeo, kickboxing, jiu jitsu, un bootcamp, danza aérea, natación,
golf, maratón, etc. Espero poder encontrar siempre el tiempo, la motivación y
la disciplina de seguir entrenando. Hay que hacerlo porque nos amamos y nos merecemos
la mejor envoltura posible que podamos auto proveernos.
Gracias
por leerme. A seguir disfrutando la vida al máximo. Bendiciones.