martes, 21 de enero de 2020

Entrenando



Actualmente tengo la oportunidad de realizar muchas actividades de mi agrado y que me generen alguna satisfacción. En esta ocasión, me referiré a todo lo que trato de completar como entrenamiento físico desde hace 3 meses. He decido realizar la mayor cantidad de actividad física posible por dos razones: porque quiero y porque puedo. En realidad, sin perjuicio del baile desde pequeña, las actividades deportivas nunca han sido mi fuerte (ni antes ni ahora), pero me he comprometido conmigo misma en cultivarlo hasta el punto de que pueda disfrutarlo.

Como mencioné en el post anterior, desde la adopción del veganismo, me siento con más energía para gastar en el gimnasio, por tanto, dedico un mínimo de 10 horas semanales en 5 días a ello y me tomo el fin de semana de descanso. Sin embargo, las horas las divido en diferentes opciones para evitar el aburrimiento de la rutina y divertirme en el proceso. Anterior al cambio de régimen alimenticio, invertía 6 horas semanales en 6 días (descansaba en sábado) y me era más aburrido el proceso.

Preparo mi top, camisa desgotada (preferiblemente), leggins, mi cinturón (para sudar más), mis zapatos deportivos, botella de agua, manta de yoga y activo mi Fitbit: lista para entrenar.

No tengo mejor manera de empezar la semana que con yoga. Me sigue sorprendiendo en casa sesión la elasticidad que puede tener mi cuerpo si lo entreno de manera adecuada. Recomiendo mucho probar el yoga porque no es nada extremo o intenso, los músculos lo agradecen mucho y ayuda a mejorar el balance corporal. Con la instrucción y la música adecuada, considero que el yoga es más un premio que un castigo para mi cuerpo.

La segunda sesión de lunes es levantamiento de pesas. De manera conveniente, mis músculos no pueden estar en mejor disposición para ello que con la hora previa de yoga. Nunca pensé en practicar levantamiento de pesas porque no consideraba que era para mí. Actualmente entiendo que, como entrenamiento integral, lo debo practicar y lo hago de muy buena gana. No se me dificulta el peso que actualmente pongo en la barra, pero si me da temor cargar más discos: muy pronto me atreveré a probar con más peso, ese es mi objetivo.

Martes es un día bastante desafiante. Inicio con zumba para tonificar, es decir, además de bailar también se usan pesas en las coreografías. Hay canciones más retadoras que otras, pero en general el baile me es muy familiar. La única dificultad que tengo es que al parecer mi ritmo es uno y la instructora va más revolucionada, aunque trato de seguir su paso. En la última sesión tuve la grata sorpresa de percatarme, casi 40 minutos después de haber iniciado, que utilicé mancuernas con más peso que en los meses anterior y lo hice sin dificultad (buenísimo).

La segunda clase es pilates y esa sí me ha dejado en jaque. Todos los movimientos de pilates (que son muchos, siempre hay nuevos y desconocidos para mí) tienen que ver con el control mental sobre el cuerpo. Me he dado cuenta de que tengo control nulo sobre mi cuerpo. En realidad, son movimientos que en apariencia son muy sencillos, pero al intentar imitarlos, me he encontrado en que fallo de manera penosa (por suerte y como consuelo no soy la única). He mejorado con la repetición de algunos movimientos, pero hoy por hoy y sin temor a equivocarme: pilates es mi Everest. Esa afirmación la hago sin perjuicio a reconocer que la clase me encanta, es un gran reto y que también quedo muy adolorida al final de la sesión.

Por otra parte, los últimos miércoles me han sorprendido. La primera actividad es levantamiento de pesas (que ya comenté anteriormente) con un añadido de cardio y la segunda clase es spinning. Aunque el spinning se reduce a la bicicleta estacionada, una cantidad específica de movimientos y un máximo de resistencia posible, es la instructora la que cambia todo. Ella es una persona que motiva y también exige el máximo esfuerzo en cada ejercicio. Antes pensaba que pilates me causaba mucho dolor, ahora sé que lo miércoles termino peor. Sin embargo, la satisfacción es mucha porque sé que con esa instructora di todo lo que pude. De hecho, estoy explorando la posibilidad en que pueda convertirse dentro de poco en mi entrenadora personal.

Los jueves y viernes tienen mucho en común; se diferencia en que jueves ejercito por la tarde, mientras que los viernes toca por la mañana. Inicio con entrenamiento libre en máquinas, las que más me gustan y siento me convienen (piernas, brazos y abdominales), mi propia música, mi ritmo, mis pensamientos, mis retos y mis metas.  Eso sí, normalmente lo hago sin orden específico, varío mucho y trato de divertirme conmigo misma.

Finalmente, la segunda sesión es mi nuevo descubrimiento: Pole Dance o baile del tubo, como se conoce popularmente en nuestros países latinoamericanos. Luego de un par de sesiones puedo decir lo siguiente: es muy sensual, es muy personalizado, se necesita mucha elasticidad corporal (gracias yoga) y es un ejercicio muy completo, ya que se necesita mucha fuerza en los brazos, abdominales y en las piernas. Me gustaría poder dominar dicha actividad en algún momento, pero sé que debo tener más fuerza y músculos para poder lograrlo, ya que actualmente siento que mis piernas y brazos son de mantequilla cuando de elevar mi cuerpo en el tubo se refiere. Tendré que practicar más, aceptar más moretones de los que ya tengo y contemplar la posibilidad de alguna caída (riesgo intrínseco de elevarse). Sin embargo, viendo lo natural y fácil que lo hacen ver las instructoras, merece la pena.
En esas 7 actividades divido mis 10 horas semanales actuales de entrenamiento. ¿He visto resultados en la báscula? Sinceramente no, la verdad no. Tengo la esperanza que la grasa se esté convirtiendo en músculos de una vez. Pero he aprendido cantidad y he conocido nuevas personas que también se esfuerzan para llevar una vida equilibrada: ha valido la pena cada gota se sudor y a diferencia del veganismo, hacer ejercicios es algo que sí recomiendo intentar a todas las personas.

Ya estoy considerando otras opciones que también quiero probar: boxeo, kickboxing, jiu jitsu, un bootcamp, danza aérea, natación, golf, maratón, etc. Espero poder encontrar siempre el tiempo, la motivación y la disciplina de seguir entrenando. Hay que hacerlo porque nos amamos y nos merecemos la mejor envoltura posible que podamos auto proveernos.

Gracias por leerme. A seguir disfrutando la vida al máximo. Bendiciones.

Experiencia en el Veganismo



Desde Noviembre del 2019 he tenido la oportunidad de relacionarme con la comida desde otra perspectiva: el veganismo. Luego de más de 2 meses con este estilo de alimentación, quiero compartir mis apreciaciones hasta el momento.

En principio, no se debe confundir ser vegetariano con ser vegano. El primer término se refiere a las personas que no comen ningún tipo de carne. Por otra parte, una persona vegana evita alimentarse y usar cualquier producto proveniente de animales (inclusive la miel). Son variadas las razones que llevan a las personas a tomar la decisión de sumergirse en este movimiento: salud, amor hacia los animales, cambio climático, moda, entre otras. En mi caso es un poco por salud y otra parte por curiosidad.

En Netflix se pueden encontrar varios documentales que al menos generan dudas sobre el estilo de vida que actualmente llevamos como sociedad, incluyendo la alimentación: comida rápida, procesada, preparada, saturada, fortificada, alterada y un sinfín de procesos. Ello se asocia a verdaderas pandemias: obesidad, diabetes, problemas del corazón y muchos otros. A partir de dichas dudas surgidas es que decido darle una oportunidad al veganismo. De hecho, me considero una persona dispuesta a probar nuevas cosas.

Debo confesar que al inicio pensé que iba a notar el cambio del régimen alimentico con una rápida pérdida de peso, pero en realidad no ha sido así en ningún momento del proceso. Sin embargo, creo que una razón por la que no ha sido así es porque quise hacer el cambio sin informarme realmente del veganismo. De ello se deriva que mi primer problema fue comprar en la tienda los mismos productos de siempre con excepción de carne, huevos, leche de vaca, queso y crema. Es decir, preparaba las mismas recetas solamente suprimiendo los productos que dejé de comprar y por tanto la comida no me satisfacía, ni siquiera me gustaba tanto. De esa primera semana de experimentación se deriva el segundo error: comprar todos los sustitutos de los productos animales (incluyendo chorizo, carnes, pan, etc.). Lógicamente mi presupuesto semanal para comida se elevó y mis hábitos alimenticios no cambiaron: solamente sustituía la carne animal por carne con base en plantas.

Posteriormente de percatarme de mis errores entendí que el veganismo es una dieta basada en plantas (todo tipo) y comencé a redescubrir el valor nutricional de un sinnúmero de ellas (y algunas a descubrirlas por primera vez): quinoa, hongos, garbanzos, espinaca, frijoles, pepino, maíz, aguacate, almendra, soya, rábanos, coliflor, pipián, etc. Es decir, una increíble variedad de vegetales, frutas, verduras y especies, con excelente valor nutricional y bellos colores que antes no apreciaba. Admito también que no soy buena siguiendo recetas de cocina, pero sí me divierto mucho creando mis propios platillos y considero que me quedan bien, al menos comestibles. Una vez que entendí eso, también vi una considerable reducción de al menos el 30% en mi presupuesto semanal para comida desde entonces hasta la fecha.

Como mencioné anteriormente, no he bajado de peso solo por el cambio de régimen alimenticio, sin embargo, destaco que actualmente hago dos horas diarias de ejercicio y me siento capaz de ejercitarme por más tiempo, cosa que antes nunca lo hice y ni quiera lo intenté. Considero que ese aumento de energía en el gimnasio es consecuencia directa del veganismo. Repito, nunca antes ni siquiera intenté ejercitarme por dos horas seguidas y siento que actualmente puedo hacerlo por más tiempo.

Para saber si mi cuerpo funciona correctamente con la alimentación que estoy llevando, tendré que someterme a exámenes para confirmar o descartar el impacto del veganismo en mi organismo. Eso sí, como parte suplementaria de la dieta, tomo vitamina B12 una vez a la semana: es una de las principales recomendaciones que se hace al iniciar dicho régimen.

En este proceso de acercamiento al veganismo tengo la oportunidad de vivir en un contexto que facilita mucho hacer dicha transición. Tendré que ver si es posible mantener dicha alimentación en diferentes contextos, tanto en lo económico, como social y emocional.

Con estos comentarios no trato de decir que soy experta en la materia, ni convencer a alguien que lo aplique. Considero que cada uno debe dirigir su vida de la mejor manera posible, sin lastimar a los demás, simplemente. Sin embargo, si me parece una experiencia nueva que tengo y que vale la pena compartir. Esto es para mí un proceso Prueba-Erros, como he nombrado mi blog. 

A seguir disfrutando la vida al máximo. Bendiciones.

jueves, 9 de enero de 2020

Por ti... Para ti


Por ti... Para ti

Sin saber que estabas tan cerca de mi,
te encontré y reviví.
Llenas de luz este corazón sometido,
tu sonrisa es el alivio a mi dolor.

Pensaba no podía amar,
pero tú diluyes toda creencia.
Tan solo tu sublime presencia,
trastoca todo mi mundo gris.

Ahora creo, creo y creo:
Porque te veo,
Porque te deseo,
Porque te quiero.

Cuando te vas
todo es traslúcido y cruel,
pues no hay nada superior a tu cuerpo,
me pierdo en tan perfecta creación.

Ahora vivo y muero,
pero sobre todo revivo por tu recuerdo.
La paz de tu cintura me consuela,
la luz de tus ojos es mi esperanza.

Ahora creo, creo y creo:
Porque te veo,
Porque te deseo,
Porque te quiero.

Ahora que te pienso:
¡estoy jodidamente feliz!